Inspiración

“Libera tu talento y atiende, mortal poeta, mi voz. Que sea ésta la fuente que sacie tu sed creadora y a través de ella fluya tu arte inspirado…”
Las palabras de la musa atestaban mi mente mientras sobre la mesa el pergamino seguía en blanco desde hacía horas. Hastiado por su infructífera palabrería alcé mi vista hacia ella y traté de exponer de la manera más sutil que pude mi contrariedad: “Oh musa, tu presencia y tus palabras me llenan de gozo, mas, por más empeño que dedico, no logro alcanzar el arte que tratas de infundirme.”
Apercibiéndose de mi turbación, se aproximó y colocó con cuidado su mano derecha sobre la mía, que en ese momento reposaba sobre el escritorio junto a la pluma y el tintero. “Habla, poeta, expón tu traba y que la vergüenza no te aplaque, pues no es otro mi cometido que el de auxiliarte en tu oficio”.
Por más que cavilaba, no hallaba la forma de comunicar mi molestia sin que al hacerlo, provocara un sentimiento de culpabilidad en ella. Observé su delicada fisonomía, su cuerpo esbelto de perfectas formas próximo al mío, tan bello, tan puro. Y entonces, vi con claridad la solución a mi problema.
Antes de que pudiera percatarse de mis intenciones tomé uno de sus perfectos pechos con mi mano libre y con el tono más sátiro que pude representar, le propuse: “Tal vez si contemplase tu cuerpo al desnudo…”
Sorprendida por mi descaro, la musa sólo fue capaz de manifestar un mohín de desaprobación en su semblante y se evaporó de la sala con tanta celeridad que ni el propio Hermes hubiese sido capaz de alcanzarla.
Al fin solo en mi estancia, hallé la inspiración.

2 comentarios:

Natalia Perez Fernandez dijo...

Muy bueno Pablo.Tienes muchisimo talento.

Anónimo dijo...

Haz tu lo mismo gran poeta....no dejes de liberar tu talento.

Elena.